El fiscal que acusa a una pareja de asesinar a sus hijos en un ritual que realizaron en su casa de campo ubicada en la localidad valenciana de Godella, en marzo del año 2019, ha destacado este lunes que es el juicio "más brutal" en la que ha tenido que trabajar a lo largo de su trayectoria, ya que de acuerdo al funcionario "no hay nada más brutal que la muerte de un niños a manos de sus padres". Asimismo, indicó que ambos padres querían terminar con la vida de sus dos hijos. El juicio comenzó este lunes en la Audiencia Provincial de Valencia con la selección del jurado, un proceso que se extendió durante cuatro horas, además de la lectura de los escritos de acusación y defensa y la intervención de ambas partes. El fiscal solicita para el padre de las pequeñas víctimas, Gabriel, una pena de 50 años de prisión por dos delitos de asesinato con circunstancia agravante de parentesco. Por otra parte, para la mujer, María, pide una medida de internamiento después de apreciar la eximente de anomalía psíquica. Además, el Ministerio Público solicitó en materia de responsabilidad civil, un pago de indemnización para los abuelos maternos y paternos de 300.00 euros por daños hedónicos. Por otra parte, la defensa del padre ha solicitado la absolución, ya que afirma que la madre, a quien se le diagnosticó la enfermedad mental que sufre, fue la persona que llevó a los niños a la casa de campo mientras él dormía y sin su conocimiento golpeos a los menores en la zona de la cabeza con un objeto contundente. Este brutal ataque, ha declarado, fue lo que ocasionó la muerte de los niños y subsiguientemente enterró os cuerpos en una parcela sin conocimiento ni participación de su defendido. De igual manera, la abogada de la madre ha pedido la absolución completa al mantener que la mujer no ejecutó los actos que le imputa la Fiscalía y que nada más enterró los cuerpos de sus hijos cuando los encontró sin vida. Sin embargo, el fiscal le indicó al jurado que el autor de un acto delictivo no es solo quien lo materializa, sino que también existen otras maneras de inducir un hecho criminal y la responsabilidad es el mismo. En ese sentido mantiene que el padre es quien indujo a María la necesidad de acabar con el asedio al que, según ellos eran sometidos sus hijos. Los acusados mantenía una relación desde 2011 y, después de vivir en diferentes lugares de España y Europa, se instalaron en una casa de campo de Godella en 2017, donde ocuparon el hogar ilegalmente. Los padres compartían creencias místicas-religiosas. Creían en la purificación de las almas por medio a baños de agua y en el renacimiento de las almas después de la muerte. Dichas creencias primero fueron profesadas por el hombre y "se las metió en la cabeza a María".