El ritmo de vacunación de España, al igual que otros países europeos, es lento y el Ministro de Sanidad, Salvador Illa, es muy ambicioso al prometer al inicio del Plan de vacunación que para el próximo verano el 70% de los españoles estaría inmunizado, llegando a la inmunidad de rebaño.
Seguidamente, al ver los impedimentos de las fechas navideñas, imperfectos en la distribución, acuerdos de reventa con otros países y el recorte en la producción de vacunas de la Pfizer, el Gobierno de Pedro Sánchez corrió la fecha a finales de verano o en 244 días.
Más sin embargo, se promocionan las 1.101.301 vacunas aplicadas en un total de 49.056 personas inoculadas con las dos dosis contra el covid hasta ayer. Pero la cantidad prevista por el Ministro de Sanidad, resulta demagógica para el 21 de septiembre, cuando finalice el verano.
"Somos el 2º país de la UE, 7º del mundo en vacunación frente al #COVID19", reza el twitt de Sanidad.
Empecemos a sacar cuentas
Con el actual ritmo de vacunación, el objetivo del 70% de vacunados no llegaría sino hasta mayo del año 2025. Y para alcanzar la pauta inicial por el Ministro de Sanidad debería multiplicarse por 6 la cantidad actual.
Para alcanzar el 70% prometido, el Gobierno aún debe suministrar y asegurarse de que se inoculen 66 millones de personas -ya que son dos dosis para cada uno de los 33 millones de españoles objetivo-. Se le restarían el millón que han sido administradas y aún faltarían 65 millones más.
Con datos diarios registrados, España ha vacunado a poco más de 41.000 personas al día de media desde que se inició el Plan de Vacunación.
Que de seguir a este ritmo supondría que el país tan sólo alcance la cifra de más o menos 10 millones de personas inmunizadas antes de que termine el verano. Lo que viene a ser un poco más del 10%.
Esto supone que el Gobierno no sabe sacar las cuentas o subestima a los Españoles. Pero por increíble que parezca aún
continúa repitiendo su promesa de inmunizar en poco más de un semestre a 7 de cada 10 españoles.
Para lograrlo, el ritmo actual debería multiplicarse por encima de 6, pasando de las 41.000 dosis diarias
a más 246.000.
Esto requeriría de más personal sanitario, ayuda del sector privado, Fuerza Armadas y otros agentes que hagan posible la movilidad, logística y aplicación de las vacunas. Que irónicamente muchos se han puesto a la orden del Gobierno, pero se ha prescindido de los mismos.
El Gobierno socialista sigue calificando de
óptimo y
con velocidad de crucero el ritmo de vacunas inoculadas.
En su lugar, debería seguir el ejemplo de otros países, como en Estados Unidos, donde el nuevo presidente Joe Biden advirtió de que invocará
una ley propia de tiempos de guerra para obligar a la sanidad privada a ayudar en la campaña de vacunación.
O como en
Israel que personal civil y militar trabajan para inocular a su pueblo no s´lo en centros hospitalarios, pues han habilitado estadios y centros educativos.
Los inconvenientes e injerencia se van acumulando en una campaña necesaria para garantizar la vida de los españoles.
También el Ministerio está aplicando la técnica conductual de 'castigo y recompensa'. A las comunidades que se lanzaron a una guerra de cifras por vacunar en las primeras semanas a cuantas más personas mejor, la próxima semana se verán recompensadas por el Ministerio de Sanidad.
Pero a las CCAA como Madrid, que ha presentado retrasos y problemas para inocular a sus habitantes, se verán ralentizada su campaña por pecar de previsión. "El Ministerio está penalizando a quienes habían planificado bien", recalcan desde la Comunidad.
Su situación ahora es que la mitad de las 90.000 dosis de la próxima semana se irán a las otras regiones. Además que Sanidad deja a Madrid sin vacunas, obliga a su presidenta Ayuso a suspender la vacunación de los sanitarios.
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