Ante la puesta en marcha del Pasaporte Covid en España, con el anuncio del Gobierno que se emitirá el próximo 19 de mayo, son diversas las reservas que se tienen de este documento a nivel mundial. España es una de sus grandes defensoras y quiere ser pionera en implantarlo de los países europeos. Por ello, la ministra de Industria, Comercio y Turismo, María Reyes Maroto, adelantó que tendremos un pasaporte sanitario en primavera, en consonancia con la Feria Internacional de Turismo de Madrid (FITUR). Con este certificado digital se pretende facilitar la movilidad de las personas inmunes, más sin embargo, desde el Ministerio de Sanidad se descarta un pasaporte covid para poder moverse por España, y los inmunólogos consideran que un documento como este generaría una falsa sensación de seguridad en quien lo posea, por no estar demostrado que las vacunas eviten la transmisión del virus. Con el actual ritmo de vacunación en el país, lento. Según lo últimos datos de Sanidad, por primera vez el número de personas con al menos una dosis de de la vacuna contra el Covid-19 ha superado al número de personas contagiadas. Con sólo cerca de 1.6 millones de personas inoculadas con la pauta completa de dosis, la ministra Maroto advierte que todo depende del volumen de población que se haya vacunado y haya pasado la enfermedad para podernos mover con seguridad, y confía que en abril está vacunada el 30% y 40% de la población.

La urgencia por reactivar el turismo

De cara al verano, los países de la Unión Europea han pactado lanzar un pasaporte covid para reactivar el turismo.

El objetivo principal es que la inmunización frente al Covid conviva con otro tipo de pruebas como las PCR y los test de antígenos. Con el pasaporte o certificado se incluirá toda esa información sanitaria, como las vacunas y pruebas.

Así, las esperanzas están puestas en este Pasaporte Covid y su aprobación antes del verano para que permita a los ciudadanos europeos vacunados viajar sin problemas por el territorio Schengen y ayudar a la recuperación económica del sector.

Por lo que movilizarse dentro del territorio europeo y dentro del país estaría restringido a un pasaporte de vacunas o tarjeta digital emitida por los gobiernos o en forma de credenciales en teléfonos inteligentes que indicarían que el portador ha sido inoculado contra el coronavirus.

Posición de los inmunólogos frente al Pasaporte Covid

Los profesionales de la medicina no ven con buenos ojos la aplicación de esta medida de movilización. Específicamente, los inmunólogos consideran el principal inconveniente es que por la premura de desarrollar las vacunas anticovid, no se ha comprobado clínicamente si quien esté inmunizado no trasmite virus.

La Sociedad Española de Inmunología (SEI) manifiesta que "se está dando una falsa sensación de seguridad y de que todo va a acabar en dos días cuando no es así para nada". Además que se están olvidando de las mutaciones del coronavirus que cada vez son más resistentes a las vacunas.
En cuanto a la sanidad exterior, los profesionales que controlan las fronteras médicas de España, tampoco dan el visto bueno a que cada quién viaje con un pasaporte de vacunación a su libre albedrío.

El pasaporte podría ampliar las brechas sociales

La situación pandémica podría originar un mundo dividido entre los vacunados y los no vacunados, que posibilitaría un alivio necesario para las economías del mundo, la reunión de las familias separadas por los cierres fronterizos, pero también implicaría altos riesgos éticos y contra los derechos humanos universales.

Ya este tema es todo un debate político que ha generado quejas contra la tiranía en el Reino Unido, protestas contra la discriminación en Dinamarca, una gran desinformación por redes sociales en EEUU y, dentro de la UE algunos desacuerdos.

En Israel, que el país pionero con este tipo de documento con su Pasaporte verde, se han registrado problemas técnicos con el papel escrito que el Ministerio de Sanidad entrega a cada vacunado. Sumado a que cientos de personas manifestaron en una concentración en Tel Aviv en contra de "tener que vacunarte, quieras o no, para poder acudir a algunos lugares", afirmaba una participante.

En esencia, está el tema de la desigualdad de vacunación contra el Covid entre los países. Se reconoce que las vacunas aprobadas sólo han sido distribuidas en las naciones que son lo suficientemente ricas como para comprarlas o producirlas.

Se calcula que en los países más pobres del mundo tengan que esperar dos o tres años para ser inoculados.

Aunque si bien la mayoría de estos ciudadanos no tiene la posibilidad de costearse viajes internacionales, si hay millones de personas con los medios para viajar pero que no tienen acceso a las vacunas o se niegan a pincharse.

Y es que sólo vasta echar un vistazo a las negociaciones dentro de la UE, donde 27 países comparten vastas fronteras pero tienen necesidades económicas y tasas de vacunación marcadamente distintas.

Algunos expertos instan a los gobiernos a esperar los estándares internacionales sobre los pasaportes antes de la reapertura de los viajes. Esto con el fin de evitar que las medidas desiguales conduzcan a prácticas inseguras o inadecuadas maniobras geopolíticas.

El análisis de todas las variables de la efectividad de un Pasaporte Covid debe estar por encima de los intereses monetarios. Existe un escepticismo sobre las vacunas en muchas comunidades, que muestran signos de aumento si se considera que las vacunas son una imposición del gobierno. Este pasaporte también promueve el riesgo de exacerbar "un nacionalismo covid" según los expertos. Donde pelean las naciones para promover el interés propio de sus ciudadanos por encima del bien global. Hay que tomar en cuenta que al menos en el país, existe un porcentaje de personas que rechazan vacunarse. A excepción de Galicia, donde no vacunarse implica una sanción económica de más de 1.000 euros. Desde el Comité de Bioética de Sanidad, aplauden esta medida de movilidad y que como en otros países se incentive a la vacunación. Pero contrastan, que hasta que la dosis no haya sido para todo el mundo, "no parecería correcto" por estar discriminando a parte de la población.

Otra opción podría ser seguir el ejemplo que han dado Japón y Australia, donde han sido capaces de controlar la pandemia sin usar alguna vacuna. 

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